Este genial proyecto posiblemente sea ilegal, pero su resultado es sencillamente perfecto

No estoy de acuerdo con aquellos que rayan ilegalmente las paredes o portones de casas, edificios y monumentos con firmas y frases hechas con aerosoles –otra cosa son los graffitis hechos por profesionales–, pero este arte callejero me pareció genial.

El grafiti se ha convertido en las últimas décadas, en unas de las expresiones artísticas más comentadas y aceptadas de todas, a diferencia de lo que fue en su momento primigenio; arte prohibido e ilegal. Puede que en el transcurso de este proceso, en el cual esta expresión se ha legitimizado progresivamente, se haya perdido la razón de ser del mismo, digamos, la espontaneidad, lo fortuito, la ilegalidad del mismo. Pero todo ha cambiado hace muy poco. La innovación artística es algo muy difícil de conseguir, si lo pensamos fríamente, hay pocas cosas que podamos hacer, que nadie nunca haya hecho con anterioridad. O aun más difícil, darle otra visión, otra mirada, otro discurso al arte que ya existe; ya tenía uno.

Mejor, recapitulemos.

El grafiti existe desde hace miles de años, de hecho su nombre que proviene del latín “grafito”, era usado ya en el imperio romano para denominar a todas aquellas expresiones que, en las paredes, eran escritas con carácter satírico o crítico con respecto a la realidad política y social del momento. Dimes y diretes ocurrieron durante centurias hasta que en los años 60 del siglo recién pasado, comenzó a adquirir un matiz más popular relacionado con el uso del aerosol o pintura en espray.

¿Hacia dónde vamos?

Todo este preámbulo solo para introducir un nuevo concepto en arte callejero, y no es que se den nuevas lecturas ni se usen otros tipos de pinturas, sino que la misma materia prima de la “pintura” que se está utilizando para la creación de grafitis es algo nuevo, más bien dicho, algo vivo.

Y es el grafiti de musgo, y cuya preparación una receta:

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  • 3 tazas de musgo (lavado, libre de partículas del suelo)
  • 2 tazas de suero de leche o 2 tazas de yogurt
  • 2 tazas de agua o cerveza
  • Media cucharadita de azúcar
  • Jarabe de maíz
  • Una licuadora

La idea es juntar todos los ingredientes en la licuadora hasta que quede una pasta uniforme de color verde grisáceo

Con ella, usando una brocha, dibujar o escribir en una muralla todo aquello que se te venga en mente.

Luego, y cuidando que la humedad este presente de forma permanente en el dibujo, esperar a que crezca, para obtener un grafiti de vida, en cualquier parte y forma en la cual quieras, o te atrevas.

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